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Localidad: Miera

Distancia: ... Km

Puntos de Interés: 6

Puntos de la ruta:

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01. Oficina de Turismo de Mirones - Introducción al Valle de Miera

Bienvenidos al Valle de Miera, una joya escondida en el corazón de Cantabria que les invita a descubrir uno de los paisajes más auténticos y menos alterados del norte de España. Nos encontramos en la Oficina de Turismo de Mirones, punto de partida perfecto para adentrarnos en este territorio único.

El municipio de Miera, que toma su nombre del río que lo atraviesa, se extiende a lo largo de un profundo valle entre imponentes montañas calizas.

Este valle, modelado por la acción del agua y el tiempo sobre la roca caliza, presenta una orografía espectacular caracterizada por fuertes pendientes y profundos desfiladeros. El río Miera, que nace en el Portillo de Lunada y desemboca en la Bahía de Santander, ha sido durante milenios el escultor incansable de este paisaje, creando un ecosistema único que alberga una rica biodiversidad.

Aquí encontrarán una perfecta fusión entre naturaleza y tradición, donde podrán disfrutar de actividades como senderismo por rutas señalizadas, escalada en paredes de roca caliza, espeleología en sus numerosas cuevas y observación de aves. El valle destaca por su rico patrimonio cultural, con sus características cabañas pasiegas, iglesias centenarias y puentes históricos, así como por su gastronomía tradicional, donde los productos lácteos artesanales, los sobaos y las quesadas son protagonistas.

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02. Puente Romano de Mirones

Nos detenemos ahora ante el idílico Puente Romano de Mirones, una estructura que, a pesar de su nombre, tiene sus orígenes en el siglo XVIII construido por la Real Fábrica de Cañones de La Cavada, como muchos elementos del valle, para el esfuerzo de la tala y transporte de madera para hacer carbón para los hornos.

Es una construcción sencilla pero eficaz, que utiliza sillarejo y canto rodado en su estructura principal. Para las partes que requieren mayor precisión y resistencia, como las dovelas del arco y los contrafuertes, se emplean bloques de caliza bien trabajados, sillares, que le aportan estabilidad.

El puente presenta un único arco de medio punto. Este tipo de arco permite una distribución equilibrada de las cargas hacia los lados, garantizando la durabilidad de la estructura por la que pasarían los carros cargados de madera.

Desde este punto podemos seguir un sendero de poco más de un kilómetro que nos llevará cerca del río hasta el siguiente puente, donde podremos disfrutar de unas bonitas vistas.

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03. Iglesia de Miera

Frente a nosotros, se levanta la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, conocida como la 'Catedral de Miera'. Este templo se construyó en diferentes etapas, comenzando en el siglo XV y continuando hasta el siglo XVII. Al iniciar la construcción, se emplearon elementos góticos, que aún pueden observarse en el presbiterio y los pilares del crucero, donde se conservan molduras y capiteles característicos de la época​.

Durante los siglos XVI y XVII, se completaron elementos esenciales como la nave principal, las bóvedas de terceletes que la cubren y la torre de tres cuerpos, con su campanario y sus decoraciones características de la arquitectura cántabra de Trasmiera, incluyendo pilastras y bolas herrerianas. La entrada principal, en estilo barroco contrarreformista, destaca por sus detalles de influencia 'vignolesca', como las grandes volutas y una espadaña con frontón partido​

En el interior, las tres grandes bóvedas de terceletes en la nave central están decoradas con pinturas de 1654, en patrones geométricos y figuras de ángeles, que dotan al espacio de una atmósfera espiritual única. También se conservan pinturas en el presbiterio, realizadas en 1821. Los retablos barrocos son otra joya de la iglesia, especialmente el retablo mayor del siglo XVII, obra de Hernando de Malla, dedicado a la Virgen y considerado uno de los más destacados de la región. Entre los tesoros de la iglesia se encuentra una imagen gótica de la Virgen sedente, que data de entre los siglos XIII y XIV, un símbolo de la devoción que la iglesia ha despertado en los valles de Miera desde hace siglos​.

Apreciar los detalles en piedra y mampostería de esta iglesia, desde los contrafuertes hasta la sólida sillería en las esquinas, permite entender la fusión de elementos góticos y barrocos que caracterizan a esta iglesia, declarada Bien de Interés Cultural en 1988."

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04. Museo Etnográfico e Historia del Valle

El Valle de Miera tiene una larga historia de ocupación que se remonta a la prehistoria, con evidencias de presencia humana en la región desde hace miles de años. Las cuevas de Sopeña y Salitre II, cuyos hallazgos se exponen en el Museo y Centro Documental del Alto Miera, guardan vestigios arqueológicos de las primeras poblaciones que habitaron el valle, como herramientas de piedra y restos de arte rupestre. Estos descubrimientos indican que, desde tiempos remotos, el valle fue un refugio natural que proporcionó recursos esenciales para la vida y la subsistencia de grupos nómadas que probablemente cazaban y recolectaban en la zona.

En épocas más recientes, especialmente durante la Edad Media, el valle de Miera fue uno de los lugares donde se asentaron los pasiegos, una comunidad tradicional que desarrolló una cultura pastoril adaptada a las duras condiciones montañosas de Cantabria. Los pasiegos desarrollaron un sistema de ganadería de montaña basado en el pastoreo estacional y en el uso de cabañas dispersas a lo largo del valle, una práctica que se mantiene en parte hasta hoy y que define gran parte de la identidad cultural y económica de la región.

Este territorio fue relativamente aislado debido a su geografía montañosa, lo que ayudó a conservar tradiciones únicas, oficios, y un modo de vida autárquico y autosuficiente. La economía local dependía de la ganadería, la agricultura de subsistencia y actividades ligadas a los recursos naturales del valle, como la explotación de sus bosques y la producción de carbón vegetal. A lo largo de los siglos, el valle fue integrándose poco a poco en el desarrollo regional, aunque manteniendo su idiosincrasia. La historia de esta adaptación y de la vida cotidiana en Miera es uno de los ejes temáticos del museo, donde a través de imágenes históricas, proyecciones y documentos digitalizados, se puede explorar cómo las formas de vida en el valle han evolucionado hasta el presente, manteniendo vivo el legado histórico de sus habitantes.

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05. Cueva de Sopeña

La Cueva de Sopeña, también conocida como Salitre II, es una recreación educativa del entorno paleolítico de la cueva original de El Salitre en Cantabria, cerrada al público por motivos de conservación. Esta réplica permite a los visitantes explorar la vida de los cazadores-recolectores que habitaron la región hace aproximadamente entre 30,000 y 10,000 años. Durante las temporadas de verano, estas comunidades ascendían a las montañas de Miera, donde cazaban cabras montesas y recolectaban peces como salmones y truchas en el río Miera y sus afluentes.

La cueva original de El Salitre, descubierta en 1903 por Lorenzo Sierra, conserva importantes pinturas rupestres de ciervos y cabras, realizadas en el período Solutrense (18,000 años) y Magdaleniense (15,000 años).

La Cueva de Sopeña no dejará indiferentes a los visitantes ya que ofrece la oportunidad de ver recreaciones de las zonas de dormitorio y taller paleolítico, incluyendo pinturas rojas y negras y huellas de garras de un oso cavernario, y siendo de por sí una gran cavidad con formaciones naturales espectaculares.

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06. Pozos de Noja

Finalizamos nuestro recorrido en los Pozos de Noja, un espacio natural único.

Estos dos embalses artificiales son construidos a principios del siglo XX para generar electricidad a partir de la energía hidráulica, en un período de expansión de las infraestructuras en Cantabria. Su ubicación estratégica, a más de 740 metros de altitud y al pie de Las Enguizas, aprovecha las características geográficas del terreno .

La construcción fue llevada a cabo por Electra Pasiega, una pequeña empresa local que impulsó el primer gran proyecto hidroeléctrico de la región en 1905. El sistema se componía de dos pozos o lagunas: el Pozo Superior y el Pozo Inferior, este último ya dentro del término municipal de Liérganes. El agua retenida en estos embalses descendía a través de una red de conductos y canales hasta una primera estación de turbinas, ubicada en las inmediaciones de los pozos, y de allí se dirigía a una segunda central junto a la carretera de Liérganes a San Roque, en un área conocida como "La Fábrica de la Luz". Esta red hidráulica proporcionaba electricidad para Liérganes y localidades cercanas durante décadas, hasta que en 1945 Electra Pasiega fue absorbida por Electra de Viesgo, que introdujo el alumbrado moderno, reduciendo progresivamente el uso de estas instalaciones

Hoy en día, los Pozos de Noja son un atractivo destino turístico y un punto de interés para los excursionistas. Existen varias rutas de senderismo que conducen a este lugar, algunas de las cuales permiten disfrutar de la vista de las antiguas cabañas pasiegas y de la abundante vegetación de la zona. Además, el Columpio de Miera y un banco panorámico, instalados recientemente en la zona, ofrecen una experiencia visual única: desde allí se pueden contemplar no solo el paisaje montañoso, sino también, en días despejados, el horizonte del mar Cantábrico. Esto ha convertido a los Pozos de Noja en un sitio de especial interés en la comarca de los Valles Pasiegos, donde historia, naturaleza e infraestructura moderna se fusionan

El entorno también alberga numerosas cabañas y miradores que permiten comprender la importancia de la arquitectura tradicional en la vida rural cántabra. En conjunto, los Pozos de Noja no solo son un testimonio del pasado industrial de Cantabria, sino también un espacio de recreación que conecta a los visitantes con la historia y la belleza natural de este rincón de la región.

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