Sumérgete en la magia de Lierganes con nuestra audioguía. Descubre los secretos históricos y los rincones pintorescos de este encantador pueblo cántabro mientras escuchas relatos cautivadores y anécdotas fascinantes. Déjate llevar por una experiencia única que te transportará a través del tiempo y te hará vivir Lierganes de una manera completamente nueva.
Esta audioguía te llevará por senderos naturales y te narrará leyendas locales. Desde sus antiguos edificios hasta sus paisajes serenos, «Encantos de Lierganes: Un Viaje Sonoro» te invita a explorar cada rincón con una perspectiva única y envolvente, haciendo de tu visita a Lierganes una experiencia inolvidable.
Construida en el año 1565 se trata de la casa más antigua de Liérganes, mandada construir por Fernando de Setién y Francisca de Rañada. Su estilo es renacentista con toques de plateresco tardío. Este es un estilo arquitectónico genuino español, que fusiona componentes mudéjares, del gótico flamígero, lombardos y toscanos.
Fruto de este estilo es su ventana principal, enmarcada por esbeltas columnas apoyadas en ménsulas. Sobre la ventana podemos encontrar un arquitrabe adornado y dos pináculos que enmarcan el escudo de la familia Setién.
El escudo, también de influencia plateresca, cuenta con adornos de amores y lambrequines (ángeles). Lleva en la tarjeta un solo cuartel, y en él se ve un castillo sobre peñas, a cada lado un helecho con una zorra andando, y en jefe el sol, la luna y las estrellas.
A lo largo de la cornisa también podemos ver diversas gárgolas, con formas tanto humanas como zoomorfas.
También destaca la inscripción de la fecha 1565, año de construcción del edificio, que reza “Fides Verictas”, podría ser en alusión a la inquisción pero su motivo se desconoce y se cree podría ser el lema de un notario.
La casa fue propiedad del escribano real don Juan de Setién, primer Setién del que se conocen datos, que en el año 1644, era juez conservador de los Ingenieros de la fábrica de cañones de Liérganes y La Cavada.
Nos adentraremos ahora en el casco histórico del pueblo para visitar algunas de sus casas más destacadas y dejarnos seducir por su belleza.
Esta casa fue construida, según reza la inscripción de su fachada en el año 1650. Se ubica en una zona privilegiada para su época, y será la primera casona clasicista de Liérganes, segunda en la zona, y marca el inicio de esta etapa en la localidad.
En la parte inferior de la fachada se abren dos arcos escarzanos sobre pilares toscanos, y en el piso superior podemos ver sus dos escudos muy bien conservados. A la izquierda el escudo de armas de Langre, mercadillo y Miera, y el de la derecha con las de Rañada y Rubalcaba.
Originalmente no contaba con el balcón ni la buhardilla, siendo estos de una reforma del siglo XIX. Por dentro está reformada completamente en un estilo contemporáneo.
El actual estado de esta capilla dista mucho de su construcción original, ya que en su día se trataba de un anexo a una casa demolida y trasladada en el siglo XIX. Sin embargo la ubicación de la capilla se mantuvo, y se edificó a su lado en 1870 el edificio del “Colegio de las niñas” en la actualidad un hotel.
La sobria apariencia de la fachada y su pequeño tamaño esconden en su interior un privilegiado retablo de madera, sin dorar ni pintar, de estilo churriguresco obra de Juan de la Hermosa y Julían de la Torriente, datado del año 1727. En él están representadas las tallas de La Virgen del Carmen, y a sus lados Santo Domingo, San Francisco y San Antonio Abad.
El estilo churriguresco se dio en la época del barroco y provienen de una familia de arquitectos catalanes de apellido Churrieguera, cuya obra se carecterizaba por una recargada decoración, más aún que la que ya se estilaba en el barroco de por sí.
Viendo el edificio de frente podemos ver un camino hacía nuestra derecha, que en unos pocos metros nos dirige al río, donde podremos observar el agua remansada en una de las presas construidas para el transporte de troncos de las fábricas de cañones, y con un poco de atención y paciencia podremos observar algún animal típico de la fauna de ribera, como las garzas.
Continuaremos por las estrechas calles del centro para llegar por detrás a una de las plazas más insignes del pueblo.
Nos encontramos en el epicentro urbano de Liérganes, el Barrio del Mercadillo. Esta plaza, Bien de Interés Cultural desde 1999, es llamada Marqués de Valdecilla, Plaza del Mercadillo o de los Cañones, debido a que está presidida por la emblemática Casa de los cañones.
Es muy cerca de aquí donde se construyen en 1620 los dos primeros altos hornos para la fabricación de cañones, bajo la dirección del intrépido industrial Jean Curtis. Estas revolucionarias construcciones de piedra de mampostería, hoy en día desaparecidas, son las primeras que se hicieron en la península. Aunque la fabricación de las piezas de artillería empezó algunos años antes en una ferrería junto al Puente Mayor, que luego visitaremos, la construcción de esta revolucionarias infraestructuras supuso el inicio de lo que sería toda una industria, que marcaría un enfrentamiento industrial continuo entre el Imperio Español y Británico, siendo objetivo número uno de los espías ingleses Liérganes y La Cavada, para descubrir sus secretos de fabricación, y cambiaría sin duda el curso de la historia de Liérganes, de sus gentes y paisajes de toda la comarca. No tardó en quedarse pequeño este complejo, y pronto se construyó en la vecina localidad de La Cavada uno mucho más grande. Para más información disponemos de una audioguía temática sobre este tema.
Como podemos ver la plaza está rodeada de casonas, ya que en su época era un lugar estratégico, y a su alrededor y en este barrio del Mercadillo se encuentran las principales casas nobles del pueblo. El estado actual de la plaza ha cambiado mucho en pocos años, ya que se ha peatonalizado totalmente en 2020.
Encontraremos rodeada de cañones presidiendo esta plaza la que quizá sea la casa más distinguida de Liérganes, la Casa de los Cañones. Mandada construir en 1702 por Domingo de la Cantolla Miera, este fue un curioso personaje, que ejerció de Secretario de la Inquisición General y acabó encarcelado por negarse a condenar al Obispo de Ávila, confesor de Carlos II el Hechizado, y oponerse al uso que daban los reyes a esta institución.
Su intención era construir una casa similar al estilo de las casas importantes madrileñas de la época barroca, siendo uno de los primeros edificios de este estilo de la zona. Destaca su almohadillada, la balconada en hierro forjada, y su gran escudo de la familia Cantolla. En uno de los laterales conserva restos de la antigua capilla, trasladada posteriormente cerca de aquí a lo que se conoce como capilla del Carmen, que hemos visto anteriormente.
Saldremos de la plaza para continuar callejeando y viendo más casonas, ya encarando el tramo final de la guía.
Llegados a este rincón del pueblo podemos encontrar una hilera de casas muy interesante. La primera y más grande, donde se ubica el cajero automático, se trata de una casa tradicional construida a finales del siglo XIX en piedra sillería por completo, con amplios remates abuhardillados, de los que sobresalen grandes balcones.
Las dos siguientes casas, que en inicio eran una, son las casas Rañada y Portilla. La primera es la Casa Rañada, reedificada por Juan de la Rañada -Rubalcaba, noble de Artillería de las 4 villas de la Costa, e informador del Santo Oficio, cargo otorgado por la Santa Inquisición para obtener información sobre posibles herejes y poder ser llevados ante el tribunal inquisidor.
A continuación se ubica la casa Portilla, reedificada también en el siglo XVII por Pascual de la Portilla. Fruto de esta reforma surgió un pleito con su vecino Juan, ya que aprovechando que este había dejado un espacio en el frente de su casa a modo de plaza de aparcamiento para el carro, abrió un arco hacía este espacio sin construir, siendo condenado a derribarlo, cosa que según vemos nunca sucedió.
Ambos edificios representan el estilo de la zona, casas en hilera, con largos balcones de madera, amplios arcos y ventanas construidas sobre sillería, mezclándose con un edificio más moderno y potente como es la primera casa que hemos hablado.
Continuaremos caminando por el paseo dejando el Puente Mayor a un lado, hasta llegar a una plaza donde podremos ver varias terrazas.
Nos encontramos en la Plaza Vitote, un enclave donde podemos ver tres casas del siglo XVII.
La primera casa que nos vamos a encontrar a mano izquierda fue remodelada en 1.936 ya que tenía una torre enfrente que fue destruida. La torre perteneció a Sandalio de la Cantolla, médico formado en Europa que fue maestro de Gregorio Marañon. La casa consta de dos arcos medio punto sobre los que se levanta un amplio balcón de madera, llamado solana, siendo un tipo de construcción muy típico.
Un poco más adelante, más escondida hacia el fondo, podemos ver la segunda casa, llamada Cuesta Mercadillo, al igual que la de la Plaza de los Cañones, que está íntegramente construida por piedras de sillería y tiene dos alturas y está presidida por el imponente escudo de armas de la familia. En su planta baja abre dos típicos arcos de medio punto que dan lugar a un espacio dentro de la casa, denominado arquitectónicamente zaguán. Este es un esquema muy típico de las casas de la zona, donde este espacio era usado como garaje para el carro o trastero para las herramientas del campo y del ganado.
Por último, al otro lado de la plaza, donde actualmente se ubica una cafetería se encuentra la casa del artista cantero Domingo Barquinero Hermosa, que cuenta con otro imponente escudo familiar en la esquina que divide la casa. Sobre la solana de la fachada principal se abren tres puertas adinteladas.
Para acabar nuestra ruta volveremos sobre nuestros pasos para llegar al Puente Mayor.
Llegamos al final de nuestra ruta y punto más emblemático de Liérganes. En este paraje además tenemos la estatua y centro de interpretación del Hombre Pez.
Empezaremos hablando de este centro, que está dentro del molino que encontramos a mano derecha. Este edificio fue construido en 1667 por Diego de la Rañada Rubalcaba, secretario de la inquisición. Actualmente de titularidad municipal ha sido rehabilitado para albergar el pequeño Centro de Interpretación que se puede visitar gratuitamente.
Aunque el estado original del molino dista mucho de la actualidad, podemos observar restos de su actividad, como las grandes ruedas de piedra. El molino se alimentaba de la fuerza del agua del río, que era encauzada a través de un canal que desviaba parte del curso y por dos entrantes que se podían abrir y cerrar entraba ese agua a presión moviendo las ruedas dentadas del piso inferior que transmitían a las piedras el movimiento y machacaban el cereal transformándolo en harina, en este caso de maíz, que es el cultivo que se da en este clima.
En este espacio se podrá conocer un poco más sobre la leyenda de un personaje que en su momento causó un gran revuelo y que ha dejado una huella indeleble en la cultura popular de Liérganes.
Al otro lado del paseo, bajo el Puente Mayor podemos ver una escultura del emblemático Hombre Pez, realizada por el artista Javier Anievas.
La primera reseña en la que aparece el relato del hombre pez de Liérganes es de Fray Benito Jerónimo de Feijoo en su obra “Teatro Crítico Universal”. Según ha llegado a nosotros la leyenda, cuenta que, a mediados del siglo XVII en el pueblo cántabro de Liérganes había un matrimonio formado por Francisco de la Veg ay María de Casar, que tenían cuatro hijos, el segundo de ellos, se llamaba Francisco.
La víspera del día de San Juan del año 1674, Francisco se fue a nadar con unos amigos al Miera. El joven se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista. Según parece, el muchacho era excelente nadador y sus compañeros no temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no regresaba, le dieron por ahogado.
Cinco años más tarde, en 1679, mientras unos pescadores faenaban en la bahía de Cádiz, se les apareció un ser acuático extraño, con apariencia humana. Cuando se acercaron a él para ver de qué se trataba, desapareció. La insólita aparición se repitió por varios días, hasta que finalmente pudieron atraparle, cebándole con pedazos de pan y cercándole con las redes.
Cuando lo subieron a cubierta comprobaron con asombro que el extraño ser era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabello rojizo y ralo; las únicas particularidades eran una cinta de escamas que le descendía de la garganta hasta el estómago, otra que le cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre.
Los pescadores llevaron al extraño sujeto al convento de S.Francisco, donde, después de conjurar a los espíritus malignos que pudiera contener, le interrogaron en varios idiomas sin obtener de él respuesta alguna. Al cabo de unos días, los esfuerzos de los frailes en hacerle hablar se vieron recompensados con una palabra: “¡Liérganes!”
El suceso corrió de boca en boca por la bahía de Cádiz y nadie encontraba explicación alguna al vocablo hasta que un mozo cántabro que había emigrado para trabajar en Cádiz, comentó que en Cantabria había un pueblo que se llamaba así. También el entonces secretario del Santo Oficio de la Inquisición, Domingo de la Cantolla, confirmó dicha afirmación ya que él era de allí.
A continuación, llegó la noticia a Liérganes para averiguar si había pasado algo extraño en los últimos años y desde Liérganes respondieron que únicamente se había registrado la desaparición de Francisco de la Vega, cinco años atrás. Entonces Juan Rosendo, un fraile del convento, acompañó a Francisco en un viaje de vuelta desde Cádiz hasta Liérganes para comprobar si era cierto que era de allí.
Cuando llegaron al monte que llaman de la Dehesa, a un cuarto de legua del pueblo, el religioso mandó al joven que se adelantase hasta él. Así lo hizo su silencioso acompañante, que se dirigió directamente hasta Liérganes, sin errar una sola vez en el camino; ya en el lugar, se encaminó sin dudar hacia la casa de María de Casar. Esta, en cuanto le vio, le reconoció como su hijo Francisco, al igual que sus hermanos que se hallaban en la casa.
Ya en casa de su madre, Francisco vivió tranquilo sin mostrar ningún interés por nada. Siempre iba descalzo, y si no le daban ropa no se vestía y andaba desnudo con absoluta indiferencia. No hablaba; sólo de vez en cuando pronunciaba las palabras «tabaco», «pan» y «vino», pero sin relación directa con el deseo de fumar o comer. Cuando comía lo hacía con avidez, para luego pasarse cuatro o cinco días sin probar bocado. Era dócil y servicial; si se le mandaba algún recado lo cumplía con puntualidad, pero jamás mostraba entusiasmo por nada. Por todo ello se le tuvo por loco hasta que un buen día, al cabo de nueve años, desapareció de nuevo en el mar sin que se supiera nunca más de él.
Ya estamos en el final de nuestra ruta, si cruzamos el puente llegaremos de nuevo a la estación de ferrocarril. El Puente Romano, o Puente Mayor, de Liérganes fue diseñado por Bartolomé Hermosa, que también diseñó la Iglesia de San Pedro Advincula, en 1587, y se inauguró en 1606.
No es el primer puente de Liérganes, ya que anteriormente existió otro que sería destruido seguramente por alguna riada. Este Puente dio lugar a una disputa con el vecino pueblo de Rucandio, ya que se les quería hacer pagar la construcción, como así fue y pagaron parte, ya que eran los que más uso le daban.
La construcción de este puente se puede enmarcar en una época de desarrollo del transporte, ya que los puentes de madera dejaron paso a imponentes construcciones de piedra.
Y en este punto damos por finalizada la ruta. Esperamos que este itinerario que os hemos planteado haya sido de vuestro agrado y hayáis podido conocer un poco más sobre la cultura e idiosincrasia de esta zona tan popular en la región.
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